Dale Chido

Algunos sectores de las juventudes se encuentran en mayor riesgo y situación de vulnerabilidad en torno la comisión de faltas administrativas y delitos.  Se sabe, por ejemplo que de octubre de 2017 a octubre de 2018, el 62% de las personas detenidas por la comisión de faltas administrativas en el municipio de Chihuahua fueron jóvenes de entre 14 y 28 años de edad, que al estar en dicha situación están en riesgo constante de ascender en la cadena delincuencial, de entrar al sistema de justicia penal y de incrementar su nivel de consumo de sustancias tóxicas. Asimismo, se ha concluido por organizaciones como Save the Children que el  70% de niñas, niños y adolescentes víctimas de cualquier tipo de violencia, la replican en la edad adulta.

Ante cifras como las presentadas anteriormente, es de suma importancia que las instituciones gubernamentales y la sociedad civil unan esfuerzos y se creen programas efectivos, focalizados para adolescentes, que tomen en cuenta la literatura que sustenta que la prevención es un componente básico para reducir la violencia.

En un estudio realizado por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) en el cual se valoran los diferentes abordajes para la prevención y la reducción de la violencia juvenil, se clasifica como una intervención con una base de evidencia sólida de efectividad a las terapias cognitivo conductuales (TCC).  Dichas terapias son un enfoque que busca ayudar a que los jóvenes evalúen y modifiquen su manera de pensar y tomar decisiones, así como que logren readaptar sus pensamientos problemáticos y conductas antisociales. Las TCC han comprobado ser un enfoque que genera un cambio de comportamiento en sus beneficiarios, tanto por sí mismas como formando parte de intervenciones más amplias, y sobre todo las que usan mecanismos causales como los cambios en el autocontrol, las preferencias de tiempo, los valores, las habilidades sociales y la identidad social.

Con esa intención se plantea desde el COPREV la intervención DALE CHIDO que busca que los jóvenes de la ciudad de Chihuahua que tengan que tengan bajo rendimiento escolar, riesgo de consumo de sustancias y aquellos que se encuentren con bajos niveles en el control de sus impulsos, disminuyan sus factores de riesgo en la participación del círculo de la violencia por medio del aumento de las habilidades psicosociales, la disminución del consumo de sustancias adictivas y el favorecimiento de las condiciones de permanencia escolar; esto mediante un abordaje multidimensional que atiende los diversos factores.

Actualmente el programa se coordina desde la Comisión del Juventud en Riesgo del COPREV y se aplica tanto en el ámbito escolar, como con jóvenes en conflicto con la ley; La última generación atendida fue una población de estudiantes del CONALEP II, ubicado en la colonia Revolución y  tuvo como beneficiaros a adolescentes con bajo rendimiento escolar observado por medio de sus calificaciones y que hayan sacado más de 19 puntos en la aplicación de la Escala de Impulsividad Estado (EIE).

La intervención se trabaja por medio de generaciones en grupos de jóvenes que durante cuatro meses cumplen con las siguientes actividades:

  • Terapias cognitivo conductuales grupales, talleres Es.Pe.Re. para jóvenes y actividades lúdicas y de activación física que buscan incrementar las habilidades psicosociales de los jóvenes.
  • Terapias grupales con experimentadores de sustancias y consumidores de marihuana con el objetivo de disminuir el consumo.
  • Talleres de plan de vida, acompañamiento para realizar tareas escolares y vinculación a oportunidades que permitan la transición al siguiente grado escolar.

Hasta la fecha se han graduado del programa dos generaciones y actualmente se busca financiamiento para llevar a cabo una tercera intervención. 

En la segunda – y más reciente- generación del programa se logró que los tres componentes de la Escala de Impulsividad Estado  (Gratificación, Automatismo y Atencional) se redujeron en lo general para la mayoría de los participantes, llegando a una disminución general de 3.32 puntos.

Asimismo, mediante las actividades propias de la intervención, se logró:

Que las competencias psicosociales de los participantes tanto básicas, avanzadas y de sentimientos se incrementaran en un porcentaje considerable.

Que de entre los participantes del programa el 92% de los de los jóvenes consumidores de tabaco, 66.6% de los consumidores de drogas y el 60% de los consumidores de  alcohol dejaron de consumirlo hacia el final de la intervención.

Que la mayoría de los participantes declararan que perciben mejorías en su salud, en su situación escolar y/o laboral y en sus relaciones familiares.

Y finalmente, que las clasificaciones de los participantes incrementaran, en promedio 2.5 puntos.

Adicionalmente, el programa ha logrado ser calificado como una Practica Promisoria según la escala de USAID que evalúa intervenciones sociales;  Asimismo se logró mediante asistencia técnica generar fichas de procedimientos, prácticas de auditoría interna y un mecanismo para medir la satisfacción de los beneficiarios, lo que hace que la intervención sea cada vez más sustentada en evidencia.